Cavalcanti Vidros: De la Fragmentación Financiera a la Claridad Operacional
Cavalcanti Vidros, una empresa de distribución de vidrio y aluminio, enfrentaba desafíos críticos en la gestión financiera y operacional: datos dispersos en múltiples bancos, procesos manuales sin estandarización, y falta de visibilidad en el flujo de caja. A través de la implementación de soluciones de clasificación de transacciones, automatización de reportes y optimización de compras, la empresa logró mejorar su margen de contribución, estabilizar el flujo de caja y crear una base sólida para la toma de decisiones estratégicas.
El Desafío
Cavalcanti Vidros es una empresa de distribución de vidrio y aluminio con operaciones consolidadas y un equipo comprometido. Sin embargo, detrás de esa operación exitosa se escondía un problema creciente: la gestión financiera estaba fragmentada.
Los datos vivían en múltiples bancos. Las transacciones se clasificaban de forma inconsistente. Las planillas se duplicaban entre equipos. Y lo más importante: nadie tenía una visión clara del verdadero estado del flujo de caja.
"La receita estava extremamente distante da realidade," reconoció el equipo durante una revisión inicial. Los números no coincidían. Las transferencias entre cuentas se mezclaban con ingresos reales. Los reportes mensuales llegaban tarde y sin confiabilidad.
El cierre mensual era un proceso fragmentado que tomaba demasiado tiempo. No había un dashboard unificado. Las decisiones se tomaban con información incompleta. Y el crecimiento—que era posible—estaba limitado por la falta de visibilidad financiera.
La empresa necesitaba transformar cómo manejaba sus números. No era un problema de ambición. Era un problema de claridad.
La Solución
El equipo de Cavalcanti tomó una decisión: implementar un sistema integrado de gestión financiera que conectara todos los datos, estandarizara los procesos y creara visibilidad en tiempo real.
El primer paso fue centralizar la clasificación de transacciones. En lugar de que cada banco fuera un silo, crearon un flujo de trabajo único. Cada transacción se etiquetaba claramente: entrada, salida, o transferencia entre cuentas. Las descripciones se enriquecieron para que cualquiera pudiera entender qué había sucedido.
"Só a parte azul está somando, o branco é manual," explicó el equipo mientras estructuraba la planilla. Separaron las sumas automáticas de las clasificaciones manuales. Esto redujo errores y aceleró el cierre mensual a menos de 2 horas por sesión.
Luego vinieron los reportes. Implementaron una DRE (Demonstración de Resultados) mensual con cierre hasta el día 10. Agregaron dashboards que mostraban el flujo de caja en tiempo real. Y crearon un proceso de benchmarking con el mercado para entender dónde estaban posicionados.
Pero la transformación no fue solo tecnológica. Fue cultural. El equipo se comprometió con la disciplina. Las reuniones semanales de alineación se convirtieron en rutina. Los nuevos consultores fueron integrados en el proceso desde el primer día. Y los líderes comenzaron a tomar decisiones basadas en datos, no en intuición.
"Extremamente distante da realidade" se convirtió en "números que podemos confiar."
La Transformación
Los resultados fueron inmediatos y medibles.
En julio, la empresa logró un margen de contribución del 55%. El EBITDA fue positivo. El flujo de caja mostró un saldo de aproximadamente R$ 185 mil—dinero disponible para invertir en crecimiento, no para sobrevivir.
Pero el número más importante fue el de la línea de vidrio: un ganancia de margen de aproximadamente 11% en julio gracias a compras anticipadas y mejor negociación con proveedores. Esto no fue suerte. Fue el resultado de tener datos claros que permitieron identificar oportunidades de optimización.
Las compras ahora estaban alineadas con las ventas proyectadas. Los pagos se estructuraban en plazos que protegían el flujo de caixa. Y la importación directa se convirtió en una estrategia viable porque el equipo podía ver exactamente cuándo y cuánto comprar.
La precisión contábil mejoró dramáticamente. Las transferencias entre cuentas ya no distorsionaban los resultados. Los cheques devolvidos se reconciliaban correctamente. Y cada línea de transacción tenía una descripción clara que permitía auditoría y trazabilidad.
Pero quizás el cambio más importante fue el cultural. El equipo pasó de "no sabemos qué está pasando" a "sabemos exactamente dónde estamos y hacia dónde vamos."
Las reuniones estratégicas ahora tienen datos. Los reportes trimestrales se presentan con confianza. Y los líderes pueden comunicar el estado financiero a los accionistas con claridad y transparencia.
"Números que podemos confiar" se convirtió en "números que impulsan decisiones."
Hoy, Cavalcanti Vidros tiene una base sólida para crecer. La visibilidad financiera es clara. Los procesos están estandarizados. Y el equipo está enfocado en lo que realmente importa: vender más, comprar mejor, y gastar menos.
El futuro de la empresa no está limitado por la falta de información. Está impulsado por la claridad, la disciplina y la confianza en los números.
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